La Biblia muestra la Fidelidad de Dios

Cuando Daniel se vio frente a los leones no creyó que todo acabaría de esa manera.

La confianza en Dios no permitía que se entregase a los que querían su mal, el mal de su pueblo,

esclavizado hace tanto tiempo. Daniel miró los ojos de los leones y dentro de ellos no vio el castigo,

sino la salida. Esto porque Dios ya había probado, en varias ocasiones, su fidelidad. El miedo aflora

en los hombres cuando se encuentran frente a frente con situaciones “irremediables”, con peligros

“imposibles de ser vencidos”.

 A menudo, se olvidan de que imposibles son las cosas a los hombres, pero jamás a Dios.

Daniel estaba presente cuando Babilonia destruyó Jerusalén. Y aún así mantuvo su fe.

Fue capturado y obligado a trabajar para un rey que subyugaba a su Dios, pero no se dejó abatir.

El muchacho, que pasó a recibir sueños proféticos enviados por el Señor, también vio cuando el

Ángel salvó a sus tres amigos de la muerte por el fuego.

Ellos se habían negado a adorar a otro que no fuera Dios. Fueron sentenciados a la muerte y, ante

los ojos incrédulos de los babilónicos, salieron de dentro del fuego ilesos.

Ante tantas pruebas del amor de Dios por sus hijos, de la fidelidad que Él posee, cómo podría Daniel

sentirse abandonado ante los leones. Es verdad que él no veía la salida, es verdad que él no podía

hacer nada solo, pero también es verdad que él nunca estuvo solo. El Señor veía la salida. Y Daniel oró.

 ¿Cuántas veces el hombre se entrega al enemigo por no saber cómo luchar?

¿Cuántas veces más el Señor tendrá que mostrar que jamás dejará a sus hijos en las manos del mundo?


    
        

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