Mensaje de Ester Bezerra

Una persona nace de Dios por obra y gracia del espíritu Santo. Cuando ocurre el nuevo nacimiento,
ella pasa a poseer el ADN y el CARÁCTER de Él, o sea que se torna muy parecida al Padre en
cuanto a sus actitudes y reacciones. Luego, es considerada Su hija o Su hijo, ¡una honra y un
privilegio muy grande!
El inmenso amor de Dios hacia la humanidad fue revelado Él entregó a Su único Hijo para
que muera y pague por nuestros pecados, y así sucedió. Jesús murió y resucitó trayendo vida y
salvación a los que creen en Él.
Pero, cuando Él se fue con el Padre, le dijo a Sus discípulos que no los dejaría huérfanos ni solos.
Prometió que enviaría otro consolador, el Espíritu Santo. También afirmó que no Lo recibirían a
medias, sino en Su totalidad, o sea que derramaría sobre ellos Su plenitud. Desde entonces, nos
tornamos el templo, el arca y el altar de Dios, ya que hoy, Su presencia habita en nosotros.
“… y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que seáis llenos hasta la
medida de toda la plenitud de Dios.”, (Efésios 3:19).
Ese amor viene de Dios, no de nosotros mismos; está más allá de nuestro entendimiento, mucho
más de lo que podemos imaginar. Es lo que nos vuelve capaces de amar, de ser misericordiosos,
longánimos, pacientes y tener placer en hacer el bien por las personas. Por conocer ese amor tan
grande, somo alegres y estamos llenos de paz.
Tener el fruto de Su Espíritu, nos transforma e alguien que siempre tiene palabras de ánimo y fe.
Bebemos y damos el Agua Viva, ya que gracias a ella, nunca más tendremos sed en nuestra alma.
Bendeciremos a nuestra familia y a las personas que estén a nuestro alrededor.
Cada día que Lo busquemos en espíritu y en verdad, la llama de la fe se enciende aún más.
Deseen la Plenitud de Dios para vivir y vencer en este mundo.

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