Pascua

La primera Pascua fue en Egipto y sucedió la noche en la que partieron hacia la Tierra Prometida. Dios pidió que
conmemorasen ese día comiendo un cordero macho de un año, sin defectos. También que pintaran con sangre
de cordero las puertas para proteger a sus hijos mayores de la última plaga. Cuando el Ángel de la muerte pasara
y viera la sangre en la puerta, sabría que el cordero había muerto en lugar del primogénito y nadie más moriría
en esa casa.
“Pues el Señor pasará para herir a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes de la puerta, el
Señor pasará de largo aquella puerta, y no permitirá que el ángel destructor entre en vuestras casas para heriros”.
(Éxodo 12:23).
En las casas de los que obedecieron, colocando la sangre en los umbrales de las puertas, no hubo muerte. Pero
en las que no atendieron la ordenanza de Dios, hubo muerte. Al instituir la Pascua, Dios los preparó para recibir
la Salvación. Así como el pueblo estaba esclavizado en Egipto, la humanidad está esclavizada por el pecado. Así
como el Ángel de la muerte se llevó la vida de los que no tenían sangre en sus puertas, hoy en día, la muerte
eterna se lleva la vida de quien todavía no recibió al Señor Jesús como Señor y Salvador.
No fue coincidencia la crucifixión sucediese en la Pascua. El cordero sacrificado para salvar los primogénitos
representaba al hijo de Dios, que vendría al mundo para salvarnos. Juan Bautista anunció: “Al día siguiente vio a
Jesús que venía hacia él, y dijo: He ahí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.”, (Juan 1:29)
Él es nuestro cordero santo, sin pecado, para redimirnos de toda la culpa y rescatar nuestra amistad con Dios,
perdida por Adán y Eva. Por Su muerte y resurrección tenemos acceso al trono de Dios para pedir perdón y ser
perdonado. Así podremos vivir una nueva vida con Él, de paz y de victorias en todos los aspectos. La Pascua no
tiene nada que ver con los huevos de chocolate, eso es puro comercio. Esto desvía la atención de la liberación que
recibimos a través del sacrificio de Jesús en la cruz en favor de todos los pecadores. La Pascua es para recordarnos
que un día también fuimos esclavos del pecado y ahora somos agraciados por vivir en el Reino de Dios, dando
frutos de la alegría de Salvación como testimonio de la Misericordia de Dios para con los que en Él creen.

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